No soy precisamente fan de la figura de Torrente, pero su alter ego literario, Rafael Corrales de la Guardia Civil, le hace sombra y mucha. Pero empecemos por el principio, que en esta novelita viene de la mano de tres muertos que, en circunstancias misteriosas, han aparecido fiambre en la bonita población de Calabella (Costa Brava). Corrales, ayudado por un curioso personajito japonés, inspector de la Interpol, se hacen cargo de tan escabroso caso que les lleva a poner patas arriba al gobierno catalán, vasco, gallego, valenciano, mallorquín y central (entre otros tantos).
¿Qué une a estos tres muertos? ¿Será su pasión por la lectura de un periódico de tónica independentista? ¿Será que formaron parte de una clase reducida de estudiantes de la lengua catalana? ¿Y cómo lograron, en un par de horas, hablar con fluidez la lengua de las tierras de Montserrat? Hhhmmm, misterioso, todo muy misterioso.
Mientras el gobierno catalán intenta borrar cualquier prueba que les inculpe, la explosiva (y pija) Agente 69 se hace cargo de la situación. De ella depende que Corrales y Sakamura miren a otra parte mientras que el President de la Generalitat encuentra la forma de no pillarse los dedos con este asunto tan turbio. Pero, ¡ai! Los vascos se meten y mucho en el asunto y es que ellos tienen sus propios planes idiomáticos e independentistas...
No es un libro para morirse de risa, pero es buenísimo. Tiene sus puntos fuertes, sobre todo cuando cada representante de una comunidad autónoma se pone a hablar en su propia lengua con el consiguiente lío idiomático que presenta tanto al lector como a los personajes afectados en la historia. Es la monda. Súper entretenido, se lee del tirón y te deja con una sonrisa constante en los labios.
Os dejo con un pequeño extracto, uno de los (muchos) momentazos de diálogos cruzados de la novela:
"- Dime, Fernández, dime... - dij oen tono magnánimo, aunque sin indicarle todavía a su humillado súbdito que se levantara.
- Los catalanes, mi señora, esos traidores...
- Mira que les tenéis manía a los catalanes, con lo entretenidos que están ellos con su cultura propia y sus cosas - observó la Reina, ya como quien riñe a un cachorro pendenciero que insiste en pelear con sus hermanos.
- Con todo el respeto: me permito recordarle a Su Majestad la gran cantidad de republicanos que habitan aquellas tierras abandonadas de Dios - dijo Fernández Plancha, que sabía exactamente dónde tenía la Reina su llaga.
La Loles mordió un poco el puro y no dijo nada. Pero en venganza hacia el sietemesino por haberle recordado veladamente el asunto de la caricatura, lo mantuvo con la rodilla hincada en el suelo hasta que terminó su resumen de lo averiguado por Gollum tras la puerta del cuartito de la fotocopiadora del Paulau de la Generalitat [...].
La Reina se sacó el puro de la boca, tocó la brasa con la uña del meñique para desprender la ceniza - que dejó caer a propósito sobre una alfombra del Patrimonio Nacional -, y se quedó mirando las gotas de sudor que le nacían a Fernández Plancha en el cuello ex cabelludo para rodarle después patillas abajo. En un momento de soberana campechanía, la Loles estuvo a punto de revelarle a su rendido súbdito lo poquito que le importaban los catalanes, el gobierno, la oposición, la patronal, los sindicatos, el clero secular y seglar y, en suma, todo este puñetero país de intrigantes y envidiosos que en mala hora se avino a reinar..."
Cargado de crítica política y social, Pablo Tusset construye esta intriga idiomática con mucho humor. No habrá lector que quede decepcionado. Lo recomiendo, sin lugar a dudas. Ideal para pasar un buen rato :)
Título: Sakamura, Corrales y los muertos rientes
Autor: Pablo Tusset
Círculo de Lectores. Barcelona, 2009. 277 págs.
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