Microuniversos en los que la Diosa de la creación se llama Jenn Díaz

La verdad es que es una responsabilidad muy grande la de reseñar ciertas obras porque, como en el caso presente, una no sabe por dónde empezar, ni cómo explicarse bien para hacerle justicia. Jenn Díaz ha puesto el listón muy alto y devuelve la esperanza en la juventud de hoy en día. Se nota que esta jovencísima autora ha leído un par o tres de libros :)

A ver señores, nos encontramos ante una novela que en sí es bastante sencilla, pero no os dejéis engañar, porque en ella encierra un universo complejo de personajes que se presentan aislados pero que en su comunidad, en el total del conjunto, juegan papeles relevantes, unos para otros, a veces incluso sin ser conscientes de ello. 

Jenn Díaz es como ese soplo de aire fresco que viene del pasado, de un pasado literario que hemos dejado atrás con los libros de texto de literatura castellana, y que tantas alusiones nos trae, de la buena literatura castellana quiero decir. La escritora se ha empapado pero bien no sólo en clásicos, sino también contemporáneos, logrando dar así forma a una primera obra que no desmerece el prestarle una especial atención. Y digo ATENCIÓN en grande porque ojito, puede ser que dentro de diez años, esta señorita conste en los libros de literatura como una de Las Grandes de un movimiento "revival" de los clásicos (creo que voy a empezar a hacer una porra, porque estoy convencida de esta afirmación; dadle tiempo a Jenn, dadle tiempo, y lápiz ... y papel...).

Quería decir "basta ya de tantas alusiones a otros escritores", pero es que no me deja de venir a la mente nombres como Calderón de la Barca o Antonio Buero Vallejo (pim pam, como quien no quiere la cosa, acabo de saltar de siglos en siglos, y tiro porque me toca). Y aun así diría que no ando errada, porque Belfondo tiene esa influencia, ese granito de todo lo bueno de la literatura clásica y la contemporánea. Y es más, a pesar de ser una novela, la lees y te parece que estés sentada en primera fila, viendo una obra de teatro.

Los personajes están bien definidos, con sus historias, con su vida, con sus quehaceres diarios. Te metes en su piel, formas parte de ellos. Te compadeces, te enojas, te pillas dándoles consejos diciéndoles que hagan esto o aquello. Y no puedes parar, porque saltas de uno a otro, y todo se va complicando más, y gritas "¡ai que la vas a liar!" y "¡sal, atrévete, márchate de ahí!", y formas parte de su movimiento, de sus ánsias por escapar, por atreverse, por desperezarse e intentar algo diferente, como individuo, como conjunto.

Belfondo me recuerda a Historia de una Escalera, obra de Antonio Buero Vallejo, que con su microuniverso representaba un mundo en el que todos sus personajes tenían ganas de cambiar, de huir y de salir, pero que por pereza o por miedo, nunca se atrevieron, hasta ahora...

Y aunque ambas obras son totalmente diferentes, su esencia es la misma: la de una obra maestra.

Tengo ganas de verla, la obra, en el teatro (¡¡¡a ver si alguien se anima a adaptarla!!!). Aunque ya la he visto, en mi mente, leyendo en mi soledad, Belfondo, esa obra que es pura magia. Sencilla, perfecta.

Ficha bibliográfica:

Título: Belfondo
Autora: Jenn Díaz
Principal de los Libros. Barcelona, 2011. 160 págs.

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