Cinderella & Rafaello en Sitges Film Festival 2011


Es una delicia venir a Sitges en el mes de las calabazas, los fantasmas, vampiros, brujas y zombies. Los no-muertos, los que se resisten a dejar este mundo, disfrutan de su fiesta en la que son los protagonistas, y sonríen de oreja a oreja, paseándose bajo el sol de justicia en este singular pueblo costero.





Son los 10 días del Festival de Cine de Terror y Ciencia Ficción, y quien piense que jamás se le perdería nunca nada en este evento, es que no sabe de lo que habla.

Yo no soy muy amiga del terror y sin embargo he aprendido que hay muchos matices diferentes. La ciencia ficicón puede contener una buena dosis de fantasía, y así he podido disfrutar año tras año de películas tan hermosas como CONFESIONES , DÉJAME ENTRAR o EL HECHICERO Y LA SERPIENTE BLANCA.

Y para más alegría puedo decir que dos de estas películas, las he disfrutado en compañía con sus directores que, recibiendo un premio del festival, aprovecharon para dedicarle al público unas breves pero intensas palabras.

El Festival de Sitges es una inspiración para mí. El Poe que llevo dentro se despierta y sabiendo que ha llegado su momento, como flor que brota sólo unos instantes para apagarse poco después y retornar a su sueño, pugna por salir y compratir alguna historia.

¿Nacerá también en esta ocasión alguna inquietante historia? Puede ser que el desfile de los muertos vivientes de esta noche le de alguna idea (al Poe que llevo dentro, quiero decir)? Y mientras tanto, os dejo con LINEA CARMESI, que escribí el año pasado en mi singular retiro favorito de este pueblo (el fantástico Galeón).



Feliz festival desde Sitges :)

El pincel languidecía en su mano, como una flor a la que le ha faltado durante demasiado tiempo el agua que la mantiene fresca. El pintor miraba el blanco lienzo, buscando entre sus hebras de algodón el secreto que le permitiría cruzar aquella puerta. Pero permanecía mudo ante su mirada, ante su deseo ardiente. Casi se burlaba de él, o eso le parecía. Con rabia lanzó el pincel contra su nívea superficie y cubriéndose el rostro con las manos, intentó no ver la incapacidad de crear algo nuevo, reflejado cual espejo en ese caballete donde tantas obras suyas habían nacido. Cuando volvió a mirar tras lo que parecieron horas, una fina línea roja se hallaba, solitaria, desnuda, provocativa.

Mudo de asombro la observó en silencio y por fin osó tocarla. Y cuando sus manos entraron en contacto con la tela, nuevas formas, nuevos colores parecieron brotar de las yemas de sus dedos. Y con frenesí tocó toda la superficie del lienzo, primero sólo con los dedos, luego con toda la palma cubriéndolo todo de un otoño gris y esa única línea roja en su centro.


Extasiado y borracho de emoción, perdió la noción de cuanto le rodeaba hasta que un sonido, al principio sutil, casi un susurro, se fue convirtiendo en una llamada desesperada, casi un grito, en su cabeza. Y entonces la vio, Manuela, la señora de la limpieza que le zarandeaba para llamar su atención...

Sigue leyendo la historia en Storyteller Lal.
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