Hoy me ha dado por recoger mi habitación. Todo empezó por mi pequeña pero bien abastecida biblioteca (tres estanterías grandes, repletas de libros). Todas mis nuevas adquisiciones están colocadas estratégicamente para que, una vez haya acabado un libro, tenga a mano enseguida el siguiente. Pero todo se ha desmadrado mucho, no sólo porque tenga multitud de "novedades" pendientes de leer, sino porque no paro de consultar, día sí, día no. Y saco libros, y los vuelvo a colocar, pero no encajan del todo bien y lo dejo como puedo ... y poco a poco, todo pierde su cuerpo.
Así que hoy me he dicho "ahora verás". Y tres horas que he estado, sólo con la sección librería. Y vaya tesoros que he encontrado.
.
Lo más sorprendente ha sido enfrentarme a tres cajas grandes, repletas hasta los topes de cartas. Cartas manuscritas. Cartas de las que se enviaban antes del e-mail, de las comunidades cibernéticas, de los sms y los Whatsapp. Cartas escritas con bolis, plumas, rotuladores. Postales de Berlín, Roma, Venecia, Praga ...
.
He redescubierto cartas de personas que ya no recuerdo, que no sé de dónde salieron ni qué habrá sido de ellos. Me he "reencontrado" con viejos penfriends (amigos de pluma/boli, de esos que te carteabas de un continente a otro y que jamás habías visto en tu vida). Gente de Australia, Nueva Inglaterra, Francia, Alemania, Canadá. Un pupurri divertidísimo que se remonta a 1991. ¡Hasta una carta en una botella!
.
Finalmente he logrado deshacerme de una gran parte y reducir 3 cajas de cartas a sólo 1. No sé qué habré tirado, ni sé con qué me he quedado. Debe de haber más de 100 cartas en esa caja que no he querido tirar, pero es parte de mi pasado, hay cartas de personas que dejé atrás cuando me vine a vivir de Alemania. Hay cartas con direcciones, pisos donde viví a lo largo de la primera década en España, que no recordaba ya. Son un testimonio de todos los sitios que he pisado, de personas que me han "seguido la pista" durante muchos años hasta que por desgracia se perdieron en el tiempo.
Ahora la tecnología nos permite retomar el contacto con esas personas, pero ya no es lo mismo. No escribimos igual en un teclado, que sobre un papel. Sostener el peso de un boli (o una pluma, que es lo que prefiero porque aprendí a los 6 años a escribir con ese mágico instrumento), ver los tachones y saber dónde ha temblado la persona que escribía, dónde apretó más con el boli ... es como estar sentada al lado de esa persona y observarla mientras piensa en nosotras.
Por eso decidí guardar parte de ese mágico mundo, para acodarme de todas esas personas que una vez se tomaron muchísimo tiempo para escribirme, para elegir un papel bonito, para ensobrar una carta, pegar un sello y echar la carta al buzón. De otro mundo, ¿verdad?
Y para acabar, aquí una fotito de dos tesoros redescubiertos: un estuche metálico que llevaba al cole en EGB y una colección de cartas de Ranma :) ¡Vaya con aquellos maravillosos años!














1 comentarios:
Qué melancolia!
Publicar un comentario en la entrada